Allí, en esa onírica fiesta,
me acerqué con una propuesta.
Expresar lo que yo sentía
era lo que más pretendía.
Te di mi mano y me seguiste;
muy curiosa, la sostuviste.
Te miré, pensé decir algo,
pero es muy poco lo que valgo.
Intransferible sentimiento
en el efímero momento.
No tengo historia que contarte;
tal vez solo quería hablarte.
Pero el presente de esta noche
será mañana gran reproche,
porque no prometo futuro,
no alguno que no sea oscuro.
Así que, en silencio, lamento
y no intento crear el cuento,
aquel que buscaba drenar
el dolor que anhela sanar.
Y me conformo, resignado,
con la escena que he recordado
y que he plasmado en esta nota,
que es cicatriz que a veces brota.
Escrito por PáramoGris en Cuéntanos a todos.